Más Allá de Las Espirales

Aprenda cómo esta organización sin ánimo de lucro basada de Churchill Downs les eleva los niños de uno de las comunidades escondidas de Louisville de sus obstáculos diarios.

April 15, 2020

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Photos by Mia Breitenstein

Merlin Cano, an 18-year-old thoroughbred walker flashes a smile. Cano moved to America when she was 11 years old and has been involved with the Backside ever since.

Note: This is a Spanish Translation of the story “Beyond the Spires,” featured in the newest issue of On The Record. It was translated by Diana Molina, a junior and member of duPont Manual’s LAHSO program.

 


Merlin Cano, de once años, no sabía qué esperar mientras entraba a la capilla ubicada entre los establos en la parte trasera de Churchill Downs. Últimamente, no saber qué esperar se había convertido en su nueva normalidad.

Una niña se acercó a Cano con una expresión alegre.

“¿Quieres jugar?” ella preguntó.

Las cejas de Cano se fruncieron. Las palabras eran galimatías para ella.

Ella trató de responder, pero el problema era que, después de haber emigrado recientemente de Guatemala, Cano no hablaba suficiente inglés para entender lo que la niña había dicho, y mucho menos jugar con ella. Todo lo que pudo hacer fue mirar a la chica con una expresión en blanco.

“Me trajeron aquí. Siempre digo eso porque no me preguntaron si estaba de acuerdo,” dijo Cano, ahora de 18 años, riendo y refiriéndose a sus padres. “No sabía qué era este país.”

Desafortunadamente para Cano y muchos otros inmigrantes en los Estados Unidos, esta desconexión es muy familiar.

Cano había imaginado que todo el país sería cuatro millones de millas cuadradas de rascacielos como Nueva York, multitudes de personas y carteles de colores brillantes.

En cambio, cuando se bajó del avión y puso pie en tierra estadounidense por primera vez con su madre y sus hermanos, Cano fue recibida por los tristes estacionamientos del aeropuerto de Louisville y la conmoción de la carretera de concreto. Por primera vez, conoció a algunos de sus hermanos y hermanas mucho mayores, la mayoría de los cuales solo había visto en fotos.

“Recuerdo haber pensado que se veía muy diferente que la foto,” bromeó Cano, riendo al recordar haber visto a su hermana mayor por primera vez. “Ella se veía mejor en la foto”.

La mayoría de su familia ya se había mudado a los Estados Unidos y había conseguido trabajo como equina en una de las mayores atracciones de Louisville, Churchill Downs.

Pero para Cano y su familia, en lugar de sombreros de gran tamaño y julepes de menta, la pista es un lugar lleno de caminos de tierra, establos, cabras y caballos. Escondido a la salida de la calle Cuarta, esta comunidad es conocida como the Backside.

Cuando nosotros, los escritores, Annie y Katie, pisamos la parte trasera, la gente nos saludó con sonrisas y saludos. Vimos cómo los trabajadores acicalaba caballos, limpiaban los puestos y la gente pasaba en bicicleta. Una cabra estaba encaramada cerca de la esquina de los establos. Inmediatamente sacamos nuestros teléfonos para tomar fotos, pero los trabajadores no le hicieron caso al animal. Continuaron con su trabajo.

Muchos de los trabajadores de Backside son inmigrantes que vinieron a los Estados Unidos en busca de estabilidad financiera. Una buena cantidad de ellos vienen a Louisville sin hablar inglés, y debido a esto, es difícil adaptarse a la vida que ocurre fuera de la pista. Es por eso que muchos de los trabajadores se encuentran recurriendo a un programa que los ayuda de cualquier manera para que puedan tener éxito: el Backside Learning Center (BLC), una organización independiente sin fines de lucro.

Ubicado justo detrás de un jumbotron gigante y a solo unos pasos de la pista, el BLC ofrece servicios de inglés como segundo idioma (ESL), servicios sociales básicos y proporciona recursos educativos. A veces, sus clientes necesitan cosas cotidianas que muchas personas dan por hecho, como servicios de traducción en una cita con el médico, ayuda para comunicarse con el maestro de su hijo en una conferencia de padres y maestros o asistencia legal.

“Se produce este intercambio relajado, abierto y amistoso. Incluso si es solo alguien que viene a recoger su correo, recibimos mucho correo para los trabajadores de Backside. Me gusta el aspecto de la comunidad, y el aspecto social,” dijo Mariah Levine García, Coordinadora de Recursos Familiares de BLC. La sonrisa de Levine García es a menudo lo primero que las personas ven cuando entran al BLC.

Originalmente llamado Klein Family Learning Center, el BLC abrió sus puertas por primera vez en 2004 y se han mantenido muy, muy ocupados. En 2019, 90 adultos se inscribieron en cursos de ESL, 80 niños y jóvenes recibieron ayuda con la tarea y, desde que abrieron sus puertas, cuatro estudiantes obtuvieron la ciudadanía estadounidense. Estas estadísticas son grandes logros para el BLC, pero para personas como Cano, estos números representan más: sus amigos, sus compañeros de trabajo y su comunidad.

Cano y su familia fueron introducidos al programa de ESL cuando tenía 11 años, aunque no pudo asistir a sus programas regularmente hasta que pudo conducir y es cuando los padres de Cano también comenzaron a asistir a clases de ESL.

Cano asistió a la clase con sus padres, ayudando tanto a la maestra como a sus padres.

“Yo era la más joven en el salón de clases, simplemente sentada allí ayudando a mis padres,” dijo Cano, señalando al aula más grande al otro lado del pasillo mientras la entrevistamos.

Estas aulas están adornadas con diccionarios de español a inglés y paredes de vocabulario como “balcón” o “recibo,” palabras tan mundanas que muchas personas ni siquiera recuerdan haberlas aprendido. Esto estaba en marcado contraste con lo que encontró en la escuela secundaria Thomas Jefferson (TJ) y la escuela preparatoria Iroquois, donde encontró que la barrera del idioma era más difícil de superar.

A pesar de pasar un año en Newcomer Academy (ver “Come As You Are” en la página 52), la transición a TJ e Iroquois todavía fue difícil. La combinación de conocer a su familia inmediata por primera vez y adaptarse a la cultura de Louisville fue agotadora para Cano.

“Al principio fue muy difícil para mí,” dijo Cano. “Me sentí muy triste, pero luego me empezó a gustar”.

Una vez que Cano obtuvo su licencia de conducir, pudo mejor apreciar las cosas pequeñas como salir después de la escuela con sus amigos y probar restaurantes en todo Louisville.

“Realmente acudiremos a uno de nuestros maestros para preguntarles opiniones sobre diferentes lugares a los que ir”, dijo Cano. “Buenas y baratas”.

Sin embargo, comer ropa vieja en Mojito Tapas con sus amigos no siempre fue su prioridad principal. Conducir significaba más responsabilidades familiares, como conducir a sus padres y traducir para ellos en cosas como citas legales. Cano también trabajó dos trabajos mientras asistía a Iroquois: uno en Walmart y otro en la parte trasera de Churchill Downs con el resto de su familia.

Mientras que la mayoría de los estudiantes de preparatoria todavía se encuentran en la cama hasta por la tarde los fines de semana, Cano tiene los ojos abiertos y despiertos a las cinco a.m., caminando a caballos de pura sangre.

“Oh, Dios mío, me preparo en cinco minutos y solo tomo algo de comer”, se rió Cano. “Cuando llegó al granero, lo como allí. Y generalmente terminamos a las nueve con caballos.”

Muchas veces, Cano estaba estresada con responsabilidades que muchos estudiantes de preparatoria en Louisville no están preparados para enfrentar. Estaba entre dos mundos, pero un lugar donde pudo encontrar consuelo fue el BLC.

A medida que Cano crecía, se dio cuenta de que esas aulas, las mismas en las que había pasado innumerables noches, ayudando a sus padres a aprender inglés, también podrían ser un recurso para ella. Cuando llegó el momento de que ella comenzara a pensar en la universidad, supo exactamente a dónde acudir.

“Vine para preguntarles si podían ayudarme con la solicitud de ingreso a las universidades y tal vez hacer mi FAFSA,” dijo Cano, refiriéndose a sus formularios federales de ayuda financiera de la universidad. “Porque nunca había hecho eso antes y no podía obtener ayuda en casa.”

Ayudaron a Cano a ingresar al Jefferson Community Technical College (JCTC), donde actualmente estudia para convertirse en enfermera.

Cano siguió regresando al BLC, no solo para recibir ayuda, sino para ser voluntaria. Al graduarse de la escuela preparatoria, a Cano le ofrecieron un trabajo trabajando como Líder de Actividades Juveniles. Ahora, ella trabaja como caminante de pura sangre temprano en la mañana, asiste a clases en JCTC a mitad del día y ayuda a dirigir el programa Front Runners por la noche.

Front Runners es un programa extracurricular que ofrece apoyo y asistencia académica a los hijos de los trabajadores de Backside. Annie, una de las escritoras de esta historia, es una voluntaria actual para este programa.

Al igual que Cano, los niños de Front Runners enfrentan el desafío de tener que aprender inglés mientras hablan principalmente español en casa y traducen para sus padres. Front Runners tiene como objetivo abordar estos problemas mientras se asegura de que los niños puedan jugar y actuar como niños en un ambiente amigable. El programa fomenta la curiosidad, la alfabetización y la atención plena a través de la lectura grupal, el dibujo y los juegos.

“Me encanta verlos crecer y aprender, y su curiosidad, y realmente aprender de ellos y de ellos aprender de nosotros. Es un buen sentimiento,” dijo Levine García.

Durante una reunión de Front Runners, los voluntarios guiaron a los niños en una llamada y respuesta. Una voluntaria enérgica de unos 20 años aplaudió a la multitud.

“¡TARZAN!”

Los niños se rieron mientras repetían el nombre con una voz alta y trataban de flexionar los musculosos de sus brazos.

“¡BALANCEÁNDOSE DE UNA GOMA!”

Sus brazos se balanceaban sobre sus cabezas, con sonrisas en sus rostros.

Cuando los niños comenzaron a ingresar a cada aula, fueron recibidos con voluntarios que los ayudaron con lo que necesitaban. Cuando visitamos a principios de diciembre, un grupo practicó tablas de multiplicar mientras que otros se sentaron en el sofá escuchando a un voluntario leer dramáticamente “Si le das una galleta a un ratón”.

En otra clase, una niña, Victoria (5), se centró en diseñar una tarjeta de cumpleaños colorida para su amiga, Karen (6), en la mesa de al lado llena de corazones y arcoiris. Ella rebotó de su asiento, obteniendo el color exacto de rosa que necesitaba para que la tarjeta fuera perfecta, para que el cumpleaños de su amiga fuera perfecto. Cuando le dio la tarjeta a Karen, Victoria estaba prácticamente radiante. Karen se iluminó cuando su amiga sonrió. (Debido a una solicitud de BLC, hemos decidido no incluir los apellidos de los menores).

Después de la tarea y el tiempo de lectura, hay un tiempo de meriendas, el tiempo favorito de los niños. Aquí, los niños pueden comer naranjas y otros alimentos frescos. Pero la parte más importante de Front Runners son los últimos 45 minutos: tiempo en grupo.

El tiempo grupal generalmente comienza con una actividad de registro de Levine García, donde practican la conciencia plena y la reflexión. Los estudiantes se dividen en cuatro grupos: “Pre-K”, “K-2”, “3-5” y la sala de jóvenes (grados seis a doce).

La sala de jóvenes, normalmente llena de risas y energía excitada, estaba inusualmente tranquila y oscura la noche que visitamos. Filas de computadoras iluminaban las caras de los estudiantes. En la sala de jóvenes, una organización local, el Programa de Educación para la Paz (PEP), estaba estableciendo su primer programa piloto después de la escuela, llamado Influenciadores Juveniles, hecho para los estudiantes de Front Runners. Según Lijah Fosl, directora del programa, el programa enseña a los estudiantes cómo utilizar las redes sociales para “desafiar los prejuicios y tener una influencia positiva en sus comunidades a través de sus historias personales”.

El BLC, incluidos los Front Runners, trabaja con muchas organizaciones locales para apoyar a los trabajadores equinos y sus familias que llaman hogar a Louisville. Esto viene en forma de programación después de la escuela que ayuda a los estudiantes a descubrir su lado artístico, entre otras cosas. El BLC también ha trabajado con fundaciones locales bien conocidas como Kentucky Shakespeare, Ministerios de Refugiados de Kentucky (ver “Kickin’ en Kentucky “en la página 60) y el Proyecto de Alfabetización Alimentaria.

Esta sala juvenil es donde encontrarás a Cano todos los martes y jueves por la noche. Todos en el programa conocen a Cano, ella es básicamente la realeza de Front Runners. Ella siempre parece estar hablando con alguien, a veces con padres, a veces con estudiantes y otras veces, como cuando visitamos Front Runners, hablando con Levine García.

Un grupo de seis niños comenzó a llamarla Tía. Ella los llama sus sobrinas y sobrinos adoptivos a cambio. Debido a que Cano está más cerca de su edad, ella estaba en su posición hace solo un par de años. Ella entiende su sed de independencia y entiende lo que es estar en sus zapatos.

“Siento que si me acerco a cualquiera de las chicas, solo confiarán en mí y me dirán cómo se sienten, qué les molesta y todo eso. Pero con los chicos, es un poco más difícil. Realmente no sé por qué. Probablemente necesiten un hombre con quien hablar,” dijo Cano.

Durante una sesión de Front Runners, cuando le preguntamos a Andira (15), estudiante de segundo año de la Escuela Preparatoria Iroquois, si quería participar en nuestra entrevista, nos miró como si estuviéramos locas.

“¿Están seguras? Mi inglés no es muy bueno,” dijo sonrojada.

“Ella está mintiendo”, dijo Cano, que había escuchado. “Su inglés es muy bueno.”

Andira solo se sonrojó aún más.

El Backside de Churchill Downs está compuesta por inmigrantes y sus familias, que se apoyan mutuamente, al igual que Cano se preocupa por Andira. El BLC solo refuerza esa fuerza.Cano ahora puede ayudar a los niños de Front Runners que le recuerdan a sí misma, entrando en esa capilla, inseguras y desarraigadas. Ella los ayuda a encontrar su voz. Ella los ayuda a encontrar un entorno propio con otros que los respaldará y elevará. Ella ayuda a construir puentes entre ellos, para inspirar y conectar a su comunidad.

Cano no es la misma niña sentada en esa iglesia hace años. No está desarraigada de su hogar, insegura de las personas que la rodean y, lo más importante, insegura de sí misma. Ella ha sido plantada no solo por la gente de Backside, sus amigos de Iroquois High School y el BLC, sino también por el arduo trabajo que hizo para sacar lo mejor de su situación.

Ahora ha pasado de ser alguien que busca ayuda a alguien que la brinda. Se ha convertido en un modelo a seguir y en una persona a la que la gente acude en busca de consejos y amistad, una persona en la que confían.

“Les digo todo el tiempo,” dijo Cano. “Si puedo ayudarte, lo haré.” 

 

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